miércoles, 19 de agosto de 2009

La historia de Sophie


















17 de Diciembre de 1944
Sophie era una muchacha que se crió en un pueblo perdido en el basto estado de Texas. De padres inmigrantes, toda su vida pasó entre ganado y cultivos, hasta el feliz día en que Arthur entro en ella. Una bonita mañana de domingo, paseando por la calle principal del pueblo sus ojos se encontraron durante décimas de segundo, pero bastó para saber que estaban hechos el uno para el otro.
Ahora Arthur está en la guerra. Como todos los jóvenes de 20 años, Arthur escuchó la llamada del presidente Roosvelt y marchó hacia Europa para liberarla del yugo nazi a la que estaba sometida.
Pero la joven Sophie no quería ahora pensar en ello. Sentada en su butaca preferida, pasaba las horas acariciándose el vientre donde se encontraba el fruto de su amor. Todavía recuerda la primera vez que se cogieron las manos, una corriente mágica atravesó todos y cada uno de sus dedos, Arthur temblando, solo preguntaba si la apretaba demasiado mientras Sophie reía por dentro queriendo que jamás acabara ese momento.
Pero ahora Arthur estaba en la guerra.
Todavía recordaba la primera vez que la dijo que la quería. Aquella mañana de domingo, un sol primaveral entraba por las grandes ventanas de la sencilla iglesia de pueblo reflejando sus vidrieras en cada uno de los allí congregados. Sophie al lado de su madre miraba a Arthur de reojo en cada momento. Nadie sabe si fruto del azar o por algún extraño capricho del destino el corazón de la vidriera que representaba la figura del Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo quiso que se dibujara en el pecho de Arthur, así que Sophie maravillada no pudo remediarlo y quedó atrapada en aquella hermosa escena. Arthur sonriendo, cogió el brillante corazón, lo depositó entre sus manos y por señas se lo entregó mientras de sus labios se podía leer te quiero. Aquella noche hicieron por primera vez el amor.
Pero ahora Arthur estaba en la guerra.
Un año después, Arthur ahorró lo suficiente y compró una pequeña granja a las afueras y lo primero que hizo fue correr hasta la casa de Sophie y pedirla que se casara con él. El padre de la novia no muy convencido se sentó en su sillón y procedió a escuchar todas las propuestas de su futuro yerno para con su hija mientras esta en su habitación lloraba de alegría y nerviosismo al lado de su madre. Sólo cuando llegó la hora de la cena y vio entrar en el comedor a su padre y a su amor riendo con una complicidad demasiado familiar supo que todo había ido bien y de un salto abrazó a Arthur y lo besó sin pudor.
Pero ahora Arthur estaba en la guerra. Aunque el correo militar funcionaba bastante bien hacía meses que no recibía carta del frente.
Los pocos años posteriores a la boda transcurrieron mejor de lo que la gente del lugar esperaba. El duro trabajo de Arthur en la granja dio sus frutos y poco a poco las cabezas de ganado se multiplicaron al igual que sus alegrías y sus ilusiones. Sólo faltaba un de su amor. Tres años después Sophie se quedó embarazada.
Y tres meses después Arthur marchó a la guerra.
Sophie, sentada en su butaca de mimbre seguía acariciando su vientre entre ahogados sollozos. Un olor familiar la hizo mirar al marco de la puerta del salón. La figura fantasmal de su esposo la miraba sonriendo como si nunca hubiera dejado la morada que ellos habían levantado con su trabajo y sudor. Sophie se levantó impulsada por un misterioso resorte creado por la soledad y la nostalgia de su amor y abrazó a su marido llorando a lágrima viva. Instantes después la figura de Arthur se desvaneció. Un mes después, un coche militar llegó hasta la granja, del cual, una vez paró a la puerta del porche de entrada, se bajaron dos figuras enfundadas en sendos uniformes. El más alto vestía una sotana negra como el azabache y a su lado un hombre mayor con uniforme militar portaba entre sus manos una bandera nacional.
Sophie abrió la puerta y gritó y lloró como sólo una mujer que acaba de perder a su amor verdadero sabe hacerlo.
El 17 de diciembre de 1944, parte de la 1ª división SS panzer Leibstandarte Adolf Hitler asesinó a 120 soldados americanos prisioneros que previamente se habían rendido y habían sido recluidos en un improvisado campo de concentración, a las afueras de Baugnez, Bélgica. Días después, concretamente el 14 de enero de 1945, tropas americanas tomaron el sitio y se encontraron tan macabra escena. El frío invierno belga había conservado la escena del crimen en perfecto estado. Este horror fue conocido en el mundo entero como la matanza de Malmedy.

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